De política y cosas peores

-Armando Fuentes Aguirre, (Catón)

Letra muerta

Una señora se enteró de que su compadre iba a salir de cacería.
"Compadre -le dijo-.
Si caza usted un venado ¿me separa una pierna?".
Preguntó el compadre con expresión salaz: "¿Y si cazo dos?".
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Babalucas, según sabemos todos, es el hombre más tonto del condado.
Cierto día le preguntó a un amigo, aficionado a las artes marciales: "¿Qué es el karate?".
Le explicó el otro: "El karate es ante todo el arte de la defensa personal.
Déjame hacerte una demostración.
Trata de darme un golpe".
Babalucas hizo el intento de darle un puñetazo en la barbilla, pero con rápido movimiento el karateca se llevó al rostro la mano abierta, con lo que detuvo el golpe al tiempo que gritaba un sonoro "¡Ahhh!".
Le dijo el amigo a Babalucas: "¿Has visto? En eso consiste en buena parte la ciencia y arte del karate: en saber parar los golpes del enemigo de modo que no lleguen a tocarte".
Satisfecho por haber adquirido aquel conocimiento Babalucas llegó a su casa y le dijo a su esposa: "Acabo de aprender karate".
"¿Ah sí? -respondió la señora-.
¿Qué es eso?".
Respondió Babalucas: "Déjame hacerte una demostración.
Trata de darme un golpe".
La señora, feliz ante la oportunidad que se le presentaba de vengar viejos agravios, tomó impulso y con todas sus fuerzas le lanzó una feroz patada en la región correspondiente a la entrepierna.
Al ver venir el puntapié Babalucas lanzó el grito clásico del karateca: "¡Ahhhh!", y con rápido movimiento se llevó al rostro la mano abierta.
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No sé si sea deformación profesional -soy abogado, y eso jamás se quita-, pero pienso que muchos de los problemas de México derivan del menosprecio que los mexicanos sentimos por la ley.
Mientras en otros países la ley se aplica con rigor, en el nuestro es letra muerta, o por lo menos desmayada.
Ricos y pobres, débiles y poderosos, se apartan de ella por igual.
Eso genera un ámbito de impunidad que a su vez da origen a la inseguridad y el desorden en que vivimos siempre.
La corrupción y la negligencia son habitantes permanentes de muchos recintos judiciales, y menudean los casos en que la justicia se vende a quien la puede comprar.
Las cárceles están llenas de inocentes, o de quienes purgan largas sentencias por delitos menores, en tanto que los delitos de cuello blanco quedan las más de las veces sin castigo, y los culpables campean orondos por sus fueros.
Un país donde la ley no se cumple es un país condenado al atraso.
El respeto al orden jurídico es pilar básico de la vida comunitaria.
"Multae hominibus at malitiam viae sunt", decían los romanos para explicar la necesidad del derecho.
Los caminos del hombre hacia la maldad son muchos.
Sólo la recta aplicación de la ley puede evitar que los ciudadanos se dañen unos a otros.
Y en México la ley es desvirtuada con frecuencia por el poder político o el económico.
En ese aspecto estamos, si me es permitida la expresión, ligeramente jodidísimos.
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El borrachín le dijo al cantinero "Con todo respeto, mi distinguido, necesito su ayuda.
No me puedo encontrar la cajetilla de cigarros".
El cantinero le buscó en la bolsa de la camisa, encontró la cajetilla y se la dio.
Poco después volvió a decir el temulento: "Necesito su ayuda otra vez, mi estimado.
No me puedo encontrar el encendedor".
El cantinero le buscó en los bolsillos del saco, halló el encendedor y se lo entregó.
A la hora de pagar dijo el temulento: "Ayúdeme por favor, caballero: no puedo encontrarme la cartera".
El cantinero buscó en los bolsillos del pantalón, sacó la cartera y se la dio.
El borrachín pagó su cuenta y en seguido se dirigió al pipisrúm.
Un minuto después asomó por la puerta y le gritó al cantinero: "¡Amigo! ¡Otra vez estoy necesitando su ayuda!".
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Cierto individuo fue a registrarse como candidato a diputado.
Le preguntó el funcionario del comité electoral: "¿Tiene usted antecedentes penales?".
Dijo el otro con inquietud: "¿Es requisito?".
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Comentó un individuo, satisfecho: "Pertenezco a una nueva iglesia.
En ella no existen el sexto ni el noveno mandamientos, y los demás son meras recomendaciones".
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Susiflor, linda muchacha, le dijo al galán que la asediaba pidiéndole que le diera una prueba de su amor: "Me vas a perdonar, Afrodisio, pero me prometí a mí misma que nada me entrará antes que el anillo de matrimonio".
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FIN.