De política y cosas peores

-Armando Fuentes Aguirre, (Catón)

Tolerancia cero

Don Geronte, caballero senescente, le confesó a su amigo don Vetulio: "-Debo estar haciéndome viejo.
Me acuesto y me quedo dormido en el acto".
"Entonces yo me estoy haciendo más viejo que tú -replicó tristemente don Vetulio-.
Yo me acuesto y me quedo dormido antes del acto".
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El muchacho invitó a la chica a salir, y la llevó a cenar como preludio para algo mejor.
Sin embargo la reunión estaba resultando de lo más aburrida.
Fingió el frustrado galán que recibía una llamada en su teléfono móvil, y luego le dijo a la chica: "Una mala noticia: murió mi abuelita.
Tendré que irme".
"Qué pena -respondió ella-.
Pero si no hubiera muerto tu abuelita yo habría tenido que matar a la mía".
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Don Algón le preguntó a la curvilínea rubia que aspiraba al puesto de secretaria: "¿Qué sabe usted hacer?".
Respondió ella con una sugestiva sonrisa: "¿En la oficina o fuera de ella?".
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Comentó una señora: "Cuando nos invitan a una comida mi marido come hasta que le duelen los tobillos".
"¿Los tobillos?" -se extrañó alguien.
"-Sí -confirmó la señora-.
Es que empiezo a darle patadas por abajo de la mesa".
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En el bar un individuo dijo en tono jactancioso: "Soy de Texas, el lugar donde los hombres son hombres y las mujeres son mujeres".
Le preguntó una chica: "Y ¿en cuál lado te pusieron?".
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La nueva mesera se veía muy apurada.
"¿Qué te sucede?" -le preguntó el dueño del restaurante.
Dijo ella: "Un cliente ordenó algo muy difícil.
Me pidió que le llevara una trucha adornada con un limón entre los dientes y un rábano en la cola".
Se extrañó el dueño:"¿Qué tiene eso de difícil?".
Explicó la chica: "El limón lo puedo sostener, pero al caminar se me cae el rábano".
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Hay quienes dicen que la violencia y el futbol van de la mano, o, en este caso, del pie.
Preocupan los estallidos violentos que últimamente se han visto en los estadios, y el peligro que representa a veces estar en las graderías.
Cada vez en mayor medida el futbol está dejando de ser un espectáculo al que se puede ir con la familia en condiciones de seguridad.
En opinión de algunos los principales responsables de esa violencia son los propietarios de los equipos que propician la existencia de barras o porras formadas por individuos proclives al desorden y que no van al estadio a ver el juego, sino a buscar oportunidades de hacer desmadre, si me es permitida esa ática expresión.
El alto consumo de bebidas alcohólicas en los estadios es factor que igualmente favorece los actos violentos.
Los buenos aficionados al futbol con quienes he hablado consideran que en esto de la violencia en los estadios debería haber tolerancia cero.
Es necesario aplicar la ley a quienes incurran en actos indebidos, y castigar a los equipos y estadios cuyas barras atenten contra el orden y la seguridad necesarios para que los juegos puedan llevarse a cabo en condicionesde normalidad.
Si eso no se hace la gente se alejará de los estadios, y más ahora que se pueden ver en la televisión los partidos de los equipos europeos que, según entiendo, son un poquito mejores que los de casa.
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Todo hombre casado debe olvidar sus errores.
¿Qué caso tiene que dos personas estén recordando siempre lo mismo?.
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La señorita Peripalda, catequista, fue a confesarse con el Padre Arsilio.
Le contó: "Cada mañana me pongo ante el espejo y me digo: '¡Qué bonita eres!'.
¿Es pecado pensar eso, padre?".
"No, hija -respondió el buen sacerdote-.
En tu caso es solamente un error".
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Babalucas preguntó en la joyería por qué aquel collar de perlas era tan caro.
"Señor -le explicó el joyero-, son perlas cultivadas".
Dijo el badulaque: "La educación no me importa".
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Un granjero le contó a otro: "Ayer hizo tanto viento en mi granja que cada gallina tenía que poner tres veces el mismo huevo".
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El maestro de Anatomía le hizo una pregunta a su joven alumna: "¿Cuál es la parte del cuerpo del varón que en determinadas condiciones de excitación puede aumentar hasta 20 veces su tamaño?".
"Por favor, doctor -dijo ella ruborizándose-.
No me pregunte esas cosas".
"Entonces yo mismo le daré la respuesta -completó el médico-.
Es la pupila del ojo.
Se lo digo para que no vaya a sufrir alguna vez una decepción".
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FIN.