De política y cosas peores

-Armando Fuentes Aguirre, (Catón)

Cursi y anacrónico

Meñico Maldotado, infeliz joven con quien la naturaleza se mostró avara en la parte correspondiente a la entrepierna, contrajo matrimonio con Pirulina, muchacha pizpireta avezada en las cosas de la vida.
La noche de las nupcias Meñico dejó caer la bata de seda roja que había comprado para la ocasión, y se dejó ver por primera vez al natural ante los ojos de su mujercita.
Pirulina le vio la correspondiente parte y dijo: "Dos años de noviazgo.
Preparativos de la boda: que las invitaciones, que la iglesia, que el coro, que la alfombra, que las flores, que el registro civil, que el salón de recepciones, que el vestido, que el velo, que los zapatos, que el peinado, que el maquillaje, que las damas, que la orquesta, que los arreglos de las mesas, que la luna de miel.
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Hizo Pirulina esa larga enumeración, y remató luego con disgusto señalando el modesto atributo de Meñico: "Todo ¿para eso?".
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Capronio, ruin sujeto, le pidió a su dineroso amigo Crésido que le prestara la suma de mil pesos.
Crésido lo conocía bien.
Sabía que prestarle dinero al tal Capronio era tan riesgoso como volar a 10 mil metros de altura agarrado a la picha de un zancudo.
Así, le negó el préstamo.
Le dijo: "Si te presto esa cantidad lo más probable es que no me la pagues.
Dejaríamos entonces de ser amigos, y estimo demasiado tu amistad como para perderla por mil pesos".
Replicó Capronio: "Entonces préstame 2 mil".
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Mansueto Belcuore, viejo actor de carácter, desempeñaba siempre papeles de ancianito bueno, igual que Henry Travers o Edmund Gwenn.
Un director de cine lo contrató para hacerla de malo en una película de gangsters.
Lo instruyó: "Deberá usted tener siempre la mirada dura.
Espero que eso no se le dificulte, pues su modo de mirar es tierno y dulce".
Cuando Mansueto se presentó en el set el primer día de filmación todos se asustaron: mostraba la mirada más dura que se había visto en la historia de la cinematografía.
Ni los mayores villanos de la pantalla -Edward G.
Robinson, George Raft, Lee Van Cleef, o entre nosotros Carlos López Moctezuma- tenían en la mirada tal dureza como la de aquel bonachón actor convertido de pronto en hombre malo.
El director de la película le preguntó admirado: "¿Cómo hizo usted, mister Belcuore, para tener tan dura la mirada?".
Explicó el bondadoso anciano: "Molí una pastilla de Viagra y me eché los polvitos en los ojos".
(¡Lo que es saber caracterizarse!).
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Alguien le preguntó a Babalucas: "¿Cómo se les llama a los nacidos en Aguascalientes?".
Respondió él: "¿Quiere los nombres uno por uno?".
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Aquel obrero le consiguió chamba a su compadre en la fábrica donde trabajaba.
El primer día de labores le dijo: "Vamos a la oficina a pedir un permiso para tuercas".
Poco después: "Vamos ahora a pedir un permiso para tornillos".
Y luego: "Vamos ahora a pedir un permiso para pernos".
Al oír esto último estalló el hombre.
"¡Óigame no, compadre! -protestó-.
¡Si hasta para hacer eso hay que pedir permiso yo mejor me voy!".
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Empieza hoy septiembre, el mes de la Patria.
Yo lo recibo con igual sentimiento con el que asistía de niño, los lunes por la mañana, a la ceremonia de honores a la bandera en el extenso patio de la Escuela Primaria Anexa a la Normal.
Nada ha podido quitarme ese fervor por México.
Algunos lo tildarán de cursi, otros de anacrónico, pero ¿cómo podría yo dejar de amar a mi país si lo he recorrido todo, y conozco su historia trágica y espléndida, y me he deslumbrado con su arte y sus artesanías, y he oído y cantado su canción, y he saciado mi gula con la infinita gala de su gastronomía, de sus mil gastronomías? ¿Cómo podría dejar de amar a México si me aprendí de memoria el poema Suave Patria, de Ramón López Velarde -sería capaz de recitar ahora mismo, sin equivocarme, todas sus estrofas-, y sé por tanto que la patria, esta patria dolorosa y dolorida, es impecable y diamantina? Eso quiere decir que no le cabe culpa en las perversidades de sus malos hijos, y que tiene al mismo tiempo la fortaleza de los diamantes, y su luz.
Todos los meses deberían ser mes de la Patria.
Cada día deberíamos hacer algo en bien de México.
Decir esto no es patrioterismo.
Es amor, buen amor de mexicano a su país.
Llámenme ahora cursi o anacrónico.
Le pediré a un mariachi que me toque el son de La Negra, y con esa música sustantiva acallaré todos los adjetivos.
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FIN.