De política y cosas peores

-Armando Fuentes Aguirre, (Catón)

¡Todavía no te salgas!

La señora llegó a su casa de un viaje que había hecho para asistir a una convención en Cancún.
Su marido no la esperaba sino hasta el día siguiente, de modo que cuando la señora entró en la alcoba sorprendió a su infidente cónyuge en apretado abrazo de libídine con una morenaza.
"¡Canalla! -le gritó con ignífero furor-.
¿Por qué haces esto?".
Sin conturbarse mucho respondió el esposo: "Tú me conoces bien, y sabes que soy dado al erotismo.
Esto lo hago meramente por placer".
"Ah, menos mal -respiró con alivio la mujer-.
Por un momento pensé que lo estabas haciendo para vengarte de lo que todas estas noches estuve haciendo en Cancún".
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Dulcilí, muchacha ingenua, contrajo matrimonio.
En la habitación del hotel donde pasarían la noche de bodas su flamante maridito la tomó en los brazos y le dijo con ternura: "¡Por fin, mi vida, vamos a hacer lo que hacen todos los casados!".
Dulcilí, llena de aflicción, rompió en llanto.
Preguntó pesarosa "¿Ya vamos a empezar a pelear?".
Dos compadres estaban bebiendo en la cantina.
De pronto uno de los bebedores clavó una mirada fiera en su compañero y le dijo: "Compadre: ahora que estamos tomados quiero decirle algo".
"¿De qué se trata?" -inquirió el otro.
Respondió el primero: "Lo odio, compadre.
Lo odio ferozmente.
Lo odio con las tres potencias del alma: memoria, entendimiento y voluntad.
Lo odio con furia sanguinosa, con encono fatal".
"Caray, compadre -se alarmó el otro-.
¿Por qué me odia así?".
Contestó el primero: "Me enteré de que iba usted a fugarse con mi esposa".
El otro bajó la cabeza, avergonzado.
"Es cierto, compadre -reconoció-.
No puedo negar lo que me dice.
Si lo negara dejaría de ser hombre.
Pensé que yo le gustaba a la comadre, y llegué a concebir la idea de escaparme con ella.
Pero los escrúpulos me vencieron, y no lo hice".
"¡Pues precisamente por eso lo odio, compadre! -prorrumpió el marido, fúrico-.
¡Porque no lo hizo!".
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Si Carlos Navarrete deja que Ángel Aguirre sobreviva, su gestión como dirigente nacional del PRD quedará viciada de origen.
El gobernador de Guerrero ha demostrado tanta incapacidad, tal negligencia, tan grande irresponsabilidad, que no hay razón política que baste para sostenerlo en el puesto que todavía, indebidamente, ocupa.
¿Cómo es posible que pueda seguir en su cargo el gobernante que permitió tal corrupción? Es imposible que Aguirre no conociera los vínculos que algunos alcaldes guerrerenses -principalmente el de Iguala- tenían con el crimen organizado.
Apoyarlo es dar una bofetada a los desaparecidos de Ayotzinapa y a quienes protestan por el crimen.
Si el PRD sirve de tapadera a Aguirre caerá en el mayor de los descréditos y pondrá en riesgo su capital político para las elecciones próximas.
A la desfachatez de ese mal gobernante no puede sumarse la del principal partido que lo postuló.
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Decía un solterón impenitente.
"Pertenezco a una agrupación llamada Solteros Anónimos.
Cuando siento deseos de casarme me envían a mi casa una mujer gruñona, malhumorada, vestida con una bata vieja, pantuflas desgastadas, la cara llena de crema amarillosa, y rulos en el pelo.
Con eso se me quitan las ganas".
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El cuento que ahora sigue está prohibido por la moral del mundo.
Lo leyó doña Tedbaida Tridua, presidenta ad vitam interina de la Pía Sociedad de Sociedades Pías, y sufrió un insulto de cólera nostras, que así se llama el mal de estómago causante de diarrea, vómito y calambres.
Las personas que no quieran exponerse a ese temible mal deben suspender aquí mismo la lectura.
- Un italiano, un francés y un mexicano se registraron en el mismo hotel con sus respectivas esposas.
Al día siguiente los hombres se reunieron a desayunar.
Dijo el italiano: "Anoche le hice dos veces el amor a mi mujer.
Esta mañana me dijo: '¡Eres un tigre!'".
"Eso no es nada -se jactó el francés-.
Yo le hice anoche tres veces el amor a mi mujer.
Esta mañana ella me dijo: '¡Eres un semental!'.
El mexicano nada decía.
Le preguntaron: "Y tú ¿cuántas veces le hiciste anoche el amor a tu mujer?".
Contestó él: "Una vez".
"¡Una sola vez! -se burlaron los otros-.
Y ¿qué te dijo ella hoy en la mañana?".
Responde el mexicano: "Me dijo: 'Todavía no te salgas'".
FIN.