De política y cosas peores

-Armando Fuentes Aguirre, (Catón)

Dinero es dinero

Una adalid del feminismo declaró en un congreso: "La verdad es que el hombre sólo tiene una diferencia en relación con la mujer".
"Es cierto -le dice en voz baja una señora a su vecina de asiento-.
Y mientras más grande tenga la diferencia, es mejor".
Llega Babalucas a una papelería.
"-¿Tiene papel para muerto?".
"-No conozco esa clase de papel" -responde el encargado.
Busca Babalucas en otra papelería: "-¿Hay papel para muerto?".
"-De ése no tenemos" -le dice la dependienta.
Pregunta Babalucas en una tercera papelería: "-¿Venden papel para muerto?".
"-No manejamos esa línea" -le responde el dueño.
Regresa Babalucas a su casa e informa a su mujer: "-En ningún lado hallé papel para muerto".
"-¡Ay, Babalucas! -se desespera la mujer-.
¡Papel parafinado!".
Aquel señor estaba chapado a la antigua; no le gustaban las actuales modas femeninas.
Decía: "-Con pantalones unas mujeres se ven masculinas, y otras se ven masculonas".
El superior regañaba al joven reverendo recién ordenado.
"-Mira, hijo -le dice-.
Paso que en tu iglesia toque un conjunto de rock en vez de un organista.
Eso es lo que les gusta a los muchachos.
Paso que chicas bonitas en minifalda sean las que recogen las limosnas.
Quizá mejore la colecta.
¡Lo que sí de plano no te puedo permitir, hijo, es que en vez de 'Iglesia de Jesús' pongas 'Chucho's le Club'!".
"Non olet".
No huele.
La frase es de Vespasiano, emperador de los romanos.
Necesitaba mucho dinero para mantener el lujo de su corte y el pesado aparato administrativo del imperio.
Cargó a los ciudadanos con toda suerte de impuestos, y cuando no encontró ya más gabelas qué cobrar ordenó que la gente pagara por el uso de las letrinas públicas, hasta entonces gratuitas.
Cierto día llegó el encargado de recoger el dinero de las letrinas y entregó a Vespasiano una gran bolsa repleta de monedas.
Tito, el hijo del emperador hizo un gesto de asco y manifestó que ese dinero era sucio, por su procedencia y por constituir un tributo indebido.
Vespasiano abrió la bolsa, oliscó el dinero y luego, simulando un gesto de perplejidad, dijo: "-Non olet".
No huele.
Quería significar que dinero es dinero, independientemente de su origen.
Pero se equivocaba Vespasiano.
Su codicia tuvo castigo, siquiera fuera simbólico: hasta la fecha los romanos siguen llamando "vespasianas" a los excusados públicos.
De ese modo risible inmortalizaron el nombre de aquél que les cobró por lo que antes era gratis.
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Esa lección de ayer debería ser aprendida por nuestros políticos de hoy.
Muchos que detentan cargo de autoridad o desempeñan función administrativa se enriquecen ilícitamente.
Ni siquiera se recatan; no disimulan su medro ni lo esconden.
Por el contrario, se enorgullecen de su dinero mal habido y muestran lo que con él compraron: el automóvil de lujo, la elegante residencia.
Aparentemente siguen gozando de consideración social, pero a sus espaldas la gente les aplica el calificativo que merecen, que es el de ladrones, y su desprestigio cae sobre sus familias.
La ley no los castiga, pues en México las leyes no se aplican a los miembros de "la clase política" sino cuando sus compañeros de plano no pueden evitarlo.
Sin embargo su mala fama los acompaña de por vida.
Ya no son otra cosa que ladrones.
Bien vestidos, pero ladrones al fin y al cabo.
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La señora se encuentra a su ex-sirvienta, a la que hacía mucho tiempo no veía, y se sorprende al verla elegantemente vestida.
"-¡Petra! -exclama asombrada la señora-.
¿Qué hiciste para poder comprar esos vestidos tan caros?".
"-Quitarme los baratos, señora" -responde la muchacha-.
Un señor bastante entrado en años fue a una farmacia y le preguntó al encargado si tenía algo que le fortaleciera los ímpetus eróticos.
"Le recomiendo el Viagra -responde el farmacéutico-.
A mí me ha dado muy buenos resultados; es una pastillita maravillosa".
El señor, interesado en ver la tal pastilla, le pide al hombre: "¿Puede ponerla sobre el mostrador?".
Responde el de la farmacia: "Si me tomo dos, a lo mejor sí".
FIN.